Iglesia Betesda, Orizaba, Ver. — 4 de julio de 2026
El pasado sábado 4 de julio tuvo lugar en nuestra congregación la esperada Reunión Femenil Regional, un evento anual en el que compartimos un hermoso tiempo de reflexión, aprendizaje, convivencia y crecimiento espiritual.
Como cada año, nuestras amadas hermanas se ocuparon diligentemente en los preparativos para brindar a las visitantes momentos de profunda comunión y consuelo. El tema central de este año fue «Del cilicio a la gracia», impartido por nuestra hermana conferencista, la Dra. Olivia de la Rosa, quien nos guio a través del pasaje de 2 Samuel 21:1-14.

Esta conmovedora narración nos sitúa en medio de un hambre de tres años en Israel, provocada por la culpa de Saúl contra los gabaonitas. Para resarcir el daño, siete descendientes de Saúl —entre ellos los dos hijos de Rizpa: Armoni y Mefi-boset— fueron entregados para ser ejecutados y colgados en un monte. En medio del dolor y la impotencia, Rizpa demostró un amor maternal extraordinario al cuidar los cuerpos expuestos de sus hijos durante meses, hasta que cayeron las lluvias del cielo.
«Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre la roca, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras del campo de noche.»
— 2 Samuel 21:10 (RVR1960)
Al enterarse el rey David del acto de fidelidad y duelo de Rizpa, ordenó recoger los restos de los ejecutados, junto con los huesos de Saúl y Jonatán, para darles una sepultura honrosa en la tierra de Benjamín. ¡Qué gran muestra de la fidelidad del Señor! A pesar de haberlo perdido todo, Dios le mostró misericordia a Rizpa y colocó los restos de sus hijos en un lugar de honor, recordándonos que nunca debemos dejar de confiar en Él, aun cuando atravesamos luchas intensas y parece que todo está perdido.
Nuestra hermana Olivia nos llevó de la mano del testimonio de Rizpa para destacar cuatro enseñanzas principales:
1. En medio del dolor, Rizpa fue al lugar adecuado.
Buscó la roca, recordando las palabras del salmista: «Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre» (Salmo 73:26) y «Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador… mi alto refugio» (Salmo 18:2).
2. Tendió su manto de cilicio sobre el peñasco.
El cilicio era un símbolo de luto y quebrantamiento. Rizpa permaneció allí cerca de seis meses (desde la siega hasta las lluvias, entre marzo y septiembre), soportando el calor, la incomodidad y la amenaza de los animales. Esto nos enseña que cuando atravesamos por valles de sombra, enfermedad o tristeza, debemos extender nuestro manto de oración. Dios tiene el control, aunque no veamos las respuestas con claridad inmediata, recordando que «todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora»(Eclesiastés 3:1), y que para Él no hay nada imposible.
3. Un amor sacrificial respaldado en la esperanza.
Rizpa se sacrificó para velar por los suyos porque su esperanza seguía puesta en Dios. Como nos recuerdan las Escrituras: «Jehová peleará por vosotros» (Éxodo 14:14; Isaías 49:25) y «El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Corintios 13:7).
4. Rizpa obtuvo la respuesta del rey.
Finalmente, los cuerpos de Armoni y Mefi-boset fueron colocados en la tumba real. Esto nos demuestra que el Señor atiende las súplicas de su pueblo y nos da la victoria cuando perseveramos. Cuando nos levantamos creyendo verdaderamente que para Dios todo es posible, Él responde y nos otorga más de lo que pedimos.
¡Qué inmensa misericordia tuvo Dios con Rizpa y qué demostración de su poder al poner en un lugar de privilegio aquello que se consideraba perdido!
El programa contó también con un tiempo especial de alabanza coordinado por nuestra hermana Maggie, quien ensambló y dirigió un hermoso repertorio de cantos para dar toda la gloria a nuestro Dios. Más adelante, disfrutamos de momentos de convivencia con una deliciosa taquiza, coffeebreak y agua de jamaica para el deleite de todas las asistentes.


Damos gracias a Dios por cada una de las hermanas que apoyaron en la realización de esta jornada: por sus oraciones, recursos, tiempo, ensayos, adornos, obsequios y por todo el trabajo de planeación. ¡A Él sea toda la gloria!
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